La transición energética está atravesando un momento decisivo. El crecimiento acelerado de la demanda eléctrica, impulsado por la electrificación industrial, la aparición de nuevos vectores de consumo y la expansión del vehículo eléctrico, está transformando a gran velocidad el sistema energético español. En este contexto, las compañías eléctricas se enfrentan a un volumen creciente de solicitudes de acceso y conexión, una dinámica que requiere nuevas herramientas capaces de dar respuestas ágiles, precisas y eficientes.
España tiene hoy una oportunidad única para acelerar la electrificación de la demanda, reducir emisiones y reforzar su competitividad industrial. Lograrlo exige conocer con exactitud cómo crecerá el consumo, dónde lo hará y qué inversiones serán necesarias para que la red de distribución acompañe los objetivos de la transición energética.
Modelizar la demanda para anticipar el sistema energético del futuro
Para planificar el sistema eléctrico del futuro es imprescindible comprender cómo evolucionarán los consumidores y qué tecnologías impulsarán ese cambio. Por ello, se ha desarrollado un modelo de demanda y potencia 2025-2035, que parte de un punto de inicio desafiante: entre 2020 y 2024 se han concedido 43 GW de acceso, pero más del 83% de los nudos de la red de distribución están ya saturados. El sistema opera, por tanto, con un margen prácticamente nulo.
El modelo proyecta el comportamiento futuro de los consumidores teniendo en cuenta la penetración de nuevas tecnologías y los distintos vectores de electrificación. La demanda se analiza en tres grandes segmentos: residencial, industrial y nueva demanda, permitiendo identificar dónde se producirán los mayores incrementos de consumo y cuáles serán las necesidades de refuerzo de la red para facilitar el acceso y la conexión.
Un crecimiento significativo de la demanda eléctrica
Las estimaciones indican que la demanda eléctrica experimentará un crecimiento notable en los próximos años. Para 2030, se espera un incremento del 33% al 54% respecto a 2025, lo que supondría un consumo de entre 305,8 y 360,5 TWh, en línea con las previsiones del PNIEC. De cara a 2035, este crecimiento podría situarse entre el 64% y el 105%, reflejando el fuerte impulso que la electrificación de la economía ejercerá sobre el sistema eléctrico.
Gran parte de este crecimiento, entre el 50% y el 55%, se concentrará en tres vectores clave: la electrificación industrial, los centros de datos y la infraestructura asociada al hidrógeno verde y la movilidad eléctrica, todos ellos factores determinantes para la transformación del sistema energético.

Industria, hogares y nuevos usos: el impulso definitivo a la electrificación en España
La electrificación se está consolidando como el motor de la descarbonización en España. En este proceso, la industria destaca por su enorme potencial, especialmente gracias a la electrificación de procesos por debajo de 400 °C mediante tecnologías ya maduras. Todo ello impulsará un fuerte crecimiento de la demanda y de la potencia instalada de aquí a 2030. A ello se suma la transformación del sector residencial, marcada por la sustitución de calderas de gas por bombas de calor, el avance del vehículo eléctrico y un despliegue masivo de autoconsumo que permitirá a los hogares participar activamente en la gestión de la demanda. Al mismo tiempo, nuevos vectores como el hidrógeno verde, los centros de datos y la movilidad eléctrica añadirán decenas de TWh adicionales de consumo y exigirán una red preparada para absorber incrementos significativos.
Para responder a este escenario será necesaria una planificación robusta de inversiones, que se situarán entre 4.500 y 6.300 millones anuales hasta 2030. A ello se sumará una profunda digitalización y el despliegue de soluciones de flexibilidad, esenciales para optimizar la infraestructura y retrasar inversiones estructurales.
En conjunto, esta transformación coloca a España en una posición única para liderar la electrificación y la descarbonización en Europa, siempre que se anticipe, planifique e invierta de forma coordinada en la red del futuro. La pregunta es: ¿a qué esperamos?




